Cortar el pan, tostarlo y añadirle aceite o mantequilla. No hay nada más simple en este mundo que hacer una tostada, pero como todo en esta vida se puede hacer bien y se puede hacer mal. Muy mal. Así lo cree al menos Tony Naylor, redactor gastronómico de The Guardian que ha dedicado nada más y nada menos que 1.800 palabras a explicar cómo tiene que ser la tostada perfecta.

Los ingleses pueden presumir de pocas especialidades culinarias, y es absurdo que traten de erigirse como los inventores de la tostada, una preparación que debió nacer en el mismo momento en el que se inventó el pan. Dicho esto, hay que reconocerles cierto mérito –al menos a Naylor– por haber desarrollado toda una teoría gastronómica en torno a este ingenio, al que clasifica como “la quintaesencia de los snacks británicos”.
Naylor, quizás para justificar su reportaje, asegura que hacer una tostada no es tan simple como parece: “En su versión más sencilla, una tostada consta de dos ingredientes, pan y grasa, pero las formas en que puede servirse son casi infinitas, así como los prejuicios y preferencias personales que se arremolinan en torno a ella”.

Estos son los pasos para elaborar la tostada definitiva.
1. Pan
Naylor, que es un tipo entusiasta, reconoce que “cualquier pan tostado, servido directamente de la tostadora, y bien untado con la grasa correcta, proporciona un excepcional escalofrío de placer”. Aun así, explica, dentro del pan hay jerarquías. Y esto es lo que tienes que tener en cuenta.

Elige un buen pan blanco
Es mejor evitar los panes multicereales, integrales o de centeno. La mayoría de estos panes no se tuestan bien –máxime si hay semillas expuestas, que suelen quemarse– y el calor hace que se queden demasiado secos. La característica más importante de un buen pan para tostar es su espesor; cuanto más densa sea la miga, mejor. El pan de molde no es siempre la mejor opción (máxime si es industrial), quizás en España el mejor pan para hacer tostadas sea el de hogaza.

Corta las rebanadas al grosor adecuado
En España, al menos en los bares, las tostadas se realizan con un pan muy ancho. Pero claro, se hacen a la plancha (algo que Naylor considera seguro un sacrilegio). En su opinión, la tostada no debe ser demasiado gruesa, nunca mayor de dos centímetros y medio (una pulgada), y mucho menor si el pan es denso. Este grosor garantiza que “casi instantáneamente, en cada bocado, se sienta un crujido, seguido de una sensación de amortiguación y, después, un estadillo de mantequilla”.

Usa pan fresco
Casi todo el mundo usa pan del día anterior para hacer las tostadas y, ciertamente, es la mejor forma de aprovechar un pan que de otra forma acabaría en la basura. Pero si queremos hacer una tostada de diez tenemos que usar pan fresco del día, es lo único que garantiza la excelencia. “Cuanto más fresco sea el pan, más vivaz y adictiva será la tostada”, asegura Naylor. El pan de molde de calidad es ciertamente una opción, pero si lleva una semana en tu alacena habrá perdido gran parte de su gracia.

2. El tostado

“Si eres serio con el tostado, y esto quizás es la única cosa en la que debes ser serlo, la parrilla es la única opción”, asegura Naylor. Según el periodista, cada vez que metemos una rebanada en una tostadora estamos diciéndonos “soy un tipo ocupado e importante, mi precioso tiempo vale mucho más que una tostada”; y así, asegura, consumimos pero no disfrutamos, y nos perdemos uno de los grandes placeres de la vida, esto es, calentar una parrilla –una Carmela, que dirán muchos– y tostar cuidadosamente tus rebanadas de pan. Y esto, asegura Naylor, “es el paradójico tumor en el corazón del capitalismo del siglo XXI”.

Bastan 30 segundos por lado para lograr el tostado perfecto
Por lo demás, aunque quizás a Naylor le encantaría impartirlo, no hay que hacer un posgrado para tostar bien una rebanada de pan. Lo esencial es que esta no se queme, pero el resto es cuestión de gustos. Cualquier tonalidad entre un marrón dorado y una hoja otoñal es aceptable. Si tu tostada está más oscura la habrás echado a perder.
Por suerte Naylor es contrario a la costumbre de muchos de sus compatriotas de tostar la rebanada sólo por un lado –“no te fíes nunca de la gente que hace eso”, apunta– y recomienda no dejar de echarle el ojo mientras se hace, pues bastan 30 segundos por lado para lograr el tostado perfecto.

3. La grasa

Para completar la tostada tenemos que untarla con algún tipo de grasa. Mantequilla, margarina o aceite de oliva son las más habituales, pero Naylor es claro en este punto: sólo la mantequilla es aceptable. El periodista es, además, especialmente crítico con las nuevas mantequillas “fáciles de untar” y todas las variedades que presumen de ser más sanas. “Puede que contengan (aunque este es otro debate completamente distinto) menos grasas saturadas o, incluso, esteroles vegetales que reduzcan tu colesterol, pero lo más importante es que saben fatal. ¿Es así como realmente quieres malgastar tu tiempo en la tierra?”

Otro consejo, sobre el que ya hemos insistido en ACyV en diversas ocasiones, es que la mantequilla no debe guardarse en la nevera a no ser que haga tanto calor que esta se funda. Lo mejor es tenerla a mano, a temperatura ambiente, para poder hacernos una tostada en cualquier momento. “Servir la tostada con mantequilla dura como una piedra es el fracaso definitivo”, asegura Naylor.

4. Servir

Esta es otra de las grandes máximas de una gran tostada: debe tomarse lo más caliente posible. En cuanto te despistes un minuto se habrá enfriado, la mantequilla no se fundirá al esparcirse, y todo perderá parte de la gracia. Si tienes que hacer tostadas para varias personas lo ideal, según Naylor, es servir estas apiladas en un plato, lo que hará que se conserve más el calor. En cualquier caso, si tu tostada se ha enfriado es que no te la has comido lo suficientemente rápido.

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